miércoles, 10 de abril de 2013

ABRIL 2002


AGRADECIMIENTOS.


A Dios, pues en su Infinita Sabiduría ha Sabido Guiarnos a muchos. A mi Esposa Yacquelina, pues ha sido una excelente compañera de lucha. A mis Padres, Isbel y Cecilia y a mis Suegros, Lescano y Marina, que han sido el apoyo, el soporte, tanto moral como económico en estos largos años en la calle. A mis hijos Alejandro y Verónica, pues han dado mucho, aunque solo el tiempo les permitirá entender. A mis compañeros de lucha (que son muchos), pues en momentos difíciles han sido la mejor compañía…





DEDICATORIA.

A la memoria de aquellos que regaron con su sangre las calles de Venezuela, buscando una salida a “esto” y en nombre de aquellos que iluminan con su decencia las mazmorras del tirano.





GENESIS DE LA IDEA.


La idea surgió como concepto luego de una reunión “política” en la noche del viernes 24 de abril de 2009. Ya en varias oportunidades me lo había planteado, sin embargo, por razones diversas no me había sentado a “armarlo”. Uno de los alicientes más poderosos para el desarrollo de este libro ha sido la arremetida propagandística del régimen, que empecinado en desdibujar la realidad, ha montado una parafernalia “goebbeliana” que no tiene ni pies ni cabeza, y que en el fondo busca deslastrar a su “líder” del peso de los asesinatos del 11 de abril y de la carrera de la madrugada del 12, que dejó libre de su yugo a nuestra Nación… por unas horas.

Para mí como aprendiz de escritor este libro es increíblemente valioso, pues es un proyecto serio, enfocado y contextualizado en algo tangible en el área de la escritura. Durante años he escrito artículos con mi opinión (o de opinión) acerca de la situación venezolana, aunque los mismos he insistido en no firmarlos.

En los primeros artículos el tono era “alto”. Poco a poco fui aprendiendo a moderarlo, aunque de cuando en vez o de vez en cuando, para liberar “algunas energías”, he decidido el tono alto como elemento de atención, y entre paréntesis, ¡ha funcionado!.





INTRODUCCIÓN.


El presente libro es una propuesta más para el rescate histórico de un evento que marcó nuestro devenir, un evento que ha sido deformado por la estructura propagandística del régimen y que marcó un hito en nuestra historia contemporánea.

Abril de 2002, fue la consecuencia de un conjunto de eventos que sumados uno a uno nos permitieron construir la estructura política necesaria para sembrar las bases del cambio deseado, de un cambio requerido. Los esfuerzos, la conciliación entre los grupos de la Sociedad Civil, las demostraciones de calle, los paros, las marchas, fueron creando las condiciones. Cuando abril llegó, el terreno estaba preparado… Los que no estábamos preparados éramos nosotros. El precio por nuestro error ha sido pagado con vidas, con sangre, con persecución, con exilio y con la cárcel de muchos.

Este es un pequeño tributo a los caídos ese 11 de abril, a los policías presos con largas condenas, a los comisarios acusados de lo mismo, que los acompañan en su desgracia, a todos aquellos que habiendo dado tanto han tenido que dejar su terruño, a los empleados petroleros que en 2002 fueron la punta de lanza. También es un tributo a todos aquellos que han perdido su vida durante este régimen, como consecuencia de su participación política, a la cual todos tenemos derecho, o como consecuencia de la delincuencia desbordada.

Además, este libro representa también un esfuerzo por restaurar la verdad sobre los antecedentes, aclarar en sí, desde donde nació todo, pues en un empeño absurdo por liderar todo, por ser el génesis de todas las propuestas, algunos se han empecinado en dejar escondido debajo de las alfombras el lugar de nacimiento de la lucha contra este régimen, al que por respeto a nosotros mismos solo denominaré como “esto”.

En el Zulia, “esto” consiguió una pared que inclusive hoy no ha podido derrumbar. Fue el Zulia desde donde los gremios y las agrupaciones de ganaderos y de empresarios comenzaron a enfrentar a ese fenómeno que decían con insistencia contaba con el 80% de popularidad, como si esa popularidad fuese patente de corzo para hacer lo que le viniese en gana.

Desde el Zulia la lucha comenzó a caminar por toda Venezuela, extendiéndose con mucha fuerza. Abril de 2002 fue la consecuencia inevitable de esos esfuerzos. Es una fecha para recordar con la frente en alto, pues fue nuestro esfuerzo como Sociedad Civil lo que hizo posible esos días. Lo sucedido después es otra cosa.

Hoy, en un despertar colectivo esa misma Sociedad Civil se ha empeñado en reunirse, en unirse de nuevo, en el mismo espacio común que nos llevó a Abril de 2002. Al igual que en aquellas fechas, los primeros intentos se han dado desde el Zulia, un territorio difícil de conquistar.

Nuestro propio gentilicio ha servido de vacuna contra “esto”, pero ese virus, esa  enfermedad, ha logrado contaminarnos con fuerza. Nuestro esfuerzo es necesario para poder sanarnos. Pero al contrario que con otras enfermedades, el reposo no es la propuesta. Nuestra activación, nuestra confluencia en espacios comunes, nuestra participación sin la particularidad de nuestros propios intereses “de por medio”, son la vacuna contra “esto”, una pandemia política que ha contaminado a América Latina.

Abril de 2002 es la respuesta a aquellos que no creemos en salidas únicas encasilladas en la frase “constitucional, democrático, pacífico y electoral”, pues abril de 2002 fue todo menos electoral.

La campaña propagandística de los representantes de “esto”, insisto, tiene por interés deformar nuestra historia, quitándonos el triunfo logrado de nuestra memoria colectiva y transformando su evidente derrota en una victoria “épica” que nunca existió.

Abril de 2002 no fue el inicio de lo deseado, pues la ambición de algunos y la incapacidad de otros hicieron que tremendo esfuerzo terminase en algo tan absurdo como el retorno del “correlon”.

Pero recordando abril de 2002, recordando el donde se inicio, recordando los eventos precedentes, recordando el como pasó, inyectaremos energías y vida a nuestra lucha, que no ha terminado, ni terminara hasta que “esto” se acabe.



Alexander A. Acosta Guerra.

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