CAPITULO I.
UNA CAMPAÑA SIN LUZ.
El año 1998 fue
un año especial. Fue un año de elecciones, cuando las elecciones no eran a cada
rato. Como venezolanos, nos encontrábamos en una difícil disyuntiva, seguir con
los mismos de siempre o dirigir nuestras esperanzas a favor de un proyecto cuya
principal promesa era el conflicto social.
La primera vez
que el público escucho al Comandante Hugo Chávez con suficiente “insistencia”
como para recordarlo fue ese mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando no pudo
(Gracias a Dios) tomar el poder por la fuerza en la Capital.
Los efectivos de
las Fuerzas Armadas Nacionales concientes de lo innecesario del derramamiento
de sangre que vendría, decidieron permitir que el Teniente Coronel del Ejercito
Hugo Chávez, comandante de los golpistas en Caracas, se dirigiera por radio y
TV a sus compañeros alzados, con el objeto de solicitar su rendición.
Un Chávez
derrotado se dirigió a sus para ese entonces desconocidos “camaradas”, diciendo
en resumen de cuentas “…por ahora, los objetivos
que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros,
acá en Caracas, no logramos controlar el poder…[1]”.
Por cosas del
destino, esos minutos de radio y televisión convirtieron a un golpista
fracasado en esperanza de muchos. Debo admitir también, que es el único momento
en que he sentido alguna afinidad por el Tcnel. Hugo Chávez.
Después de la ¡intentona!
como fue denominada, vino una etapa de reflexión banal… “Debemos… es necesario…
estamos obligados…” y cualquier cantidad de cosas que se pudieron decir que
eran ciertas y que se dijeron, luego de las cuales nada se hizo. Las cosas
siguieron empeorando. La corrupción, la pobreza, las desigualdades sociales, el
hambre, los abusos por parte de los empleadores, los excesos de un Estado
sordo, representado por burócratas sin sentido de Nación, sin noción de Pueblo.
Gente avara que solo deseaba su beneficio personal como objetivo, para quien el
pueblo solo eran “ese montón de gente a las que había que prometerles cualquier
cosa en época de elecciones y pasadas estas, olvidarlas de nuevo”.
Memorable por
oportuno, sobre todo para él, fue el discurso de Rafael Caldera en el Congreso
de Venezuela después de la intentona del 4 de febrero. Siempre he afirmado,
pues lo escuché, que ese discurso fue el que le permitió ganar las elecciones a
la presidencia de 1993.
Meses después, el
27 de Noviembre de 1992, un grupo de rezagados del 4 de febrero, intentan otro
golpe de Estado, que de nuevo, Gracias a Dios, no pasó de intento. Este golpe
terminó con la huida de sus comandantes en un avión C-130 de la Fuerza Aérea de Venezuela. El
destino de la aeronave y su “contenido” fue la nación Peruana, donde los
oficiales golpistas solicitaron asilo. Quizás de esos días venga la relación de
la gente que integra “esto” con Vladimiro Montesinos.
Los golpes de
1992 acrecentaron la crisis venezolana, que reventó un viernes de febrero de
1983, el famoso “viernes negro”. En 1985 el incidente del Caldas puso en apuros
a nuestra Nación, que contó con una respuesta decidida y seria de nuestras
Fuerzas Armadas.
Después de ese
viernes negro y del Caldas, vino el “Caracazo”, cuando los cerros de Caracas
bajaron, se hicieron sentir y fueron masacrados. Venezuela tenía varios años de
crisis, de grave y profunda crisis. Los intentos de golpe de 1992 profundizaron
y aceleraron la inestabilidad política,
social y económica.
A Carlos Andrés Pérez
no lo pudieron sacar los golpes del 4 de febrero ni el del 27 de noviembre del
92, sin embargo, una acusación por uso inadecuado de la “Partida Secreta de
Miraflores” terminó por obligarlo a mudarse. Miraflores fue habitado a la
salida de Pérez por Octavio Lepage, como presidente interino.
Octavio Lepage
era el presidente del Congreso de la República de Venezuela. Fue presidentes desde el
21 de mayo de 1993 hasta el 5 de junio de 1993. En esa fecha, el Congreso de
Venezuela eligió a Ramón José Velásquez, escritor y político Venezolano como
Presidente Constitucional designado por el Congreso. Su función, terminar el
periodo.
En diciembre de 1993
hubo elecciones, como cada cinco años. La campaña electoral fue una campaña
llena de promesas, cargada de más esperanza, pues los venezolanos asumimos que
las intentonas golpistas de 1992 eran una lección necesaria para una clase
política sorda. Craso error. El ganador de las elecciones de 1993 a la Presidencia de la República de Venezuela,
fue el eterno candidato de COPEI, Rafael Caldera, ahora fuera del partido que
ayudó a fundar.
Caldera fue
elegido como Presidente de la
República en representación de un partido minoritario que el
mismo fundo poco tiempo antes. El viejo supo capitalizar su discurso de
aquellos días de Febrero, y su fuerte arraigo político.
Para ese proceso
electoral mi voto como zuliano fue para Oswaldo Álvarez Paz, debido a que el candidato de Acción Democrática, el
partido por el que toda mi vida he sentido afinidad, no cubría mis expectativas
y Rafael Caldera, mucho menos cubría las mismas (estoy libre de ese pecado).
El gobierno de
Caldera fue un gobierno en crisis desde que inició hasta que termino. Caldera,
un hombre que comenzó su periodo ya estando en declive, a duras penas pudo
entregar su cargo cinco años después. La vida y el Destino pasaron factura al
anciano hombre.
El peor daño
hecho por Caldera al pueblo de Venezuela, y vaya que le hizo daño a este país, fue
cuando dejó en libertad a los golpistas de 1992. Sinceramente, discutir acerca
de la figura jurídica utilizada por el Presidente electo no tiene sentido, por
lo menos para mi que no soy abogado. El hecho es que los dejó libres, y su
libertad sirvió como base para el desarrollo de un movimiento político llamado
“MBR-200” ,
del cual casi nadie hoy se acuerda.
†††
La campaña para la Presidencia de la República de 1998, fue
una campaña marcada por los excesos del candidato Chávez, que conciente de la
debilidad de las instituciones en Venezuela hizo y deshizo. Su campaña se salio
de las habituales promesas electorales. Las amenazas, el verbo altisonante, el
uso de un lenguaje soez, chabacano, sirvieron de gancho a un pueblo harto de
las mismas promesas de siempre, de los mismos mítines, de los mismos discursos
acartonados y del mismo desprecio implícito a su condición humilde, desprecio
que era evidente.
Los candidatos de
oposición desarrollaron sus campañas como si se tratase de unas elecciones
normales. Durante todo el proceso estuvo presente en el ambiente la posibilidad
de un golpe. Muchos pensaban que de no ganar Chávez, lo más probable era que se
produjese el desconocimiento de los resultados y un golpe como consecuencia.
Los errores
cometidos durante esta campaña por los candidatos de oposición solo podemos
etiquetarlos de imperdonables. La ambición no conoce límite, pero en este
proceso, lo absurdo desbordó los límites. Una bella mujer fue lanzada como
candidata, Irene Saez una alcaldesa exitosa de un pequeño municipio caraqueño.
Algunos haciendo análisis con los pies, imaginaron que la belleza de Irene, su
éxito como alcalde, su voz suave y su sonrisa serena podrían competir con el
verbo, las amenazas y las promesas de venganza popular de Hugo Chávez.
Por otro lado, en
el partido blanco, Acción Democrática, su líder, un hombre carente de carisma, carente
de don de pueblo, decidía por si mismo nombrarse como candidato de su partido.
Es así que en respuesta a Chávez como fenómeno de masas, el partido blanco, el
principal partido de Venezuela, lanza al
opaco Alfaro Ucero, quien terminaría por ser el candidato de nadie, pues dada
la complejidad del proceso de 1998,
a última hora, Acción Democrática le retiró su apoyo al
que hasta muy poco antes era su Secretario General.
En la larga lista
de candidatos como única alternativa viable en contra de Chávez estaba Enrique
Salas Röemer gobernador del Estado Carabobo.
Hombre de derecha y representante del partido “Proyecto Venezuela”. Desarrolló
su campaña con las promesas de rigor. Dada la amenaza presente, estableció
alianzas con otros partidos, alianzas que por tardías, no dieron su resultado.
El 6 de diciembre
de 1998 se llevó a cabo la elección de las autoridades gubernamentales
responsables del periodo siguiente. Chávez encabezaba las encuestas. Salas Röemer con todo y alianzas iba de segundo.
El proceso del 6
de diciembre fue un proceso cargado de angustia, de miedo, de incertidumbre. Se
estimaba que si Chávez no ganaba se pudiesen presentar revueltas populares e
incluso un golpe de Estado, así que el pueblo de Venezuela acudió a las urnas
electorales con al amenaza y el miedo como testigos.
La participación
estuvo dentro del promedio histórico, así que puedo afirmar que lo que sucedió
fue una eliminación de consentimientos. Los venezolanos acostumbrados a elegir
entre dos partidos (AD y COPEI), vieron la posibilidad de apoyar a otra opción,
que representaba en sí una nueva propuesta.
De hecho, los venezolanos
eligieron con los pies, pues si hubiesen usado su cerebro, mucho más sensata
hubiese sido la abstención. El famoso voto castigo, un elemento presente en los
procesos electorales venezolanos, vino a ser proyectado sobre la imagen de Hugo
Chávez.
†††
Una campaña sin luz,
sin pies ni cabeza daba a su fin. El entendimiento, la razón y la sabiduría se
fueron de viaje para otra parte es domingo 6 de diciembre de 1998. El resultado,
un golpista era elegido como Presidente casi siete años después de haber
intentado acabar con el sistema democrático. Hugo el golpista fue elegido como
Presidente por la vía democrática.
Aunque parezca un trabalenguas, no lo es, es historia.
Una vez ganadas
las elecciones, Hugo Chávez quiso comenzar a gobernar como siempre lo ha hecho,
pero sin haber tomado posesión. Por ley, la transferencia de poder de un
Presidente a otro se daba los 2 de febrero del año siguiente a la fecha de las
elecciones. Como Hugo ganó, quiso cambiar la fecha del 2 de febrero al 4 de
febrero, para celebrar en esa fecha la transmisión de mando y los siete años de
la intentona fallida. El Congreso de la República le dijo ¡no!..
Hugo fue al Congreso
ese 2 de febrero de 1999 y frente a un imberbe Caldera recibió la Banda Presidencial del Coronel
(ret.) Luis Alfonso Dávila, quien hacia las veces de Presidente del Congreso. Recordando
esa “foto”, veo a Caldera su “libertador” presenciando el traspaso del mando de
un militar retirado a otro militar retirado.
El juramento dejó
mucho que pensar. Hugo, como siempre fuera de protocolo, juró como le vino en
gana, aunque claramente dejaba ver sus intenciones.
“Juro
delante de Dios, juro delante de la
Patria , juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda
Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga
una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro.” Hugo Chávez en la
toma de posesión el 2 de febrero de 1999[2].
Esa misma tarde,
luego del corto y deformado juramento y el largo discurso en el Congreso de la República , en su primera
reunión del Gabinete de Ministros, firmó el decreto de convocatoria para un
referéndum de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, en el cual se describían las dos preguntas que
se le harían al pueblo. El referéndum fue convocado para el 25 de abril de
1999. Los cambios se comenzaron a dar desde el momento del juramento. De
nuestro lado, la incredulidad se imponía.
†††
Los desfiles
militares en Venezuela, se desarrollaban en nuestros días patrios, como una
forma de subordinación del poder militar al civil y como una advertencia sutil
a aquellos que quisieran imponerse en contra de ambos.
Por orden de Hugo
Chávez, el desfile militar del 2 de febrero de 1999 fue postergado para el día 4.
Ese día, en una acción que muchos consideraron absurda, Hugo ordenó
reincorporar a los militares golpistas a sus puestos dentro de las Fuerzas
Armadas Nacionales. En pocas palabras, el nuevo presidente con tres días en el
cargo le ordenó a los oficiales que siete años antes le habían impedido tomar
el poder por la fuerza, que reincorporaran a los alzados en armas, que como él
habían insurgido. Duro golpe a una institución, que tardaría en responder.
[1] Texto completo de la declaración: “Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de
Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que
se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada
de Valencia. Compañeros: Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos
planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en
Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá,
pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene
que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Así que oigan mi
palabra. Oigan al comandante Chávez, quien les lanza este mensaje para que, por
favor, reflexionen y depongan las armas porque ya, en verdad, los objetivos que
nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros:
Oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su
valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la
responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias.” Teniente Coronel Hugo
Chávez, 4 de febrero de 1992. Tomado de la biblioteca de la página WEB de
Venezuela Analítica (www.analítica.com).
[2] Texto tomado de la biblioteca de la página WEB
de Venezuela Analítica (www.analítica.com).
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