miércoles, 10 de abril de 2013

I PARTE: ESCUCHANDO CANTOS DE SIRENAS.


CAPITULO I.
UNA CAMPAÑA SIN LUZ.


El año 1998 fue un año especial. Fue un año de elecciones, cuando las elecciones no eran a cada rato. Como venezolanos, nos encontrábamos en una difícil disyuntiva, seguir con los mismos de siempre o dirigir nuestras esperanzas a favor de un proyecto cuya principal promesa era el conflicto social.

La primera vez que el público escucho al Comandante Hugo Chávez con suficiente “insistencia” como para recordarlo fue ese mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando no pudo (Gracias a Dios) tomar el poder por la fuerza en la Capital.

Los efectivos de las Fuerzas Armadas Nacionales concientes de lo innecesario del derramamiento de sangre que vendría, decidieron permitir que el Teniente Coronel del Ejercito Hugo Chávez, comandante de los golpistas en Caracas, se dirigiera por radio y TV a sus compañeros alzados, con el objeto de solicitar su rendición.

Un Chávez derrotado se dirigió a sus para ese entonces desconocidos “camaradas”, diciendo en resumen de cuentas “…por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder…[1]”.

Por cosas del destino, esos minutos de radio y televisión convirtieron a un golpista fracasado en esperanza de muchos. Debo admitir también, que es el único momento en que he sentido alguna afinidad por el Tcnel. Hugo Chávez.

Después de la ¡intentona! como fue denominada, vino una etapa de reflexión banal… “Debemos… es necesario… estamos obligados…” y cualquier cantidad de cosas que se pudieron decir que eran ciertas y que se dijeron, luego de las cuales nada se hizo. Las cosas siguieron empeorando. La corrupción, la pobreza, las desigualdades sociales, el hambre, los abusos por parte de los empleadores, los excesos de un Estado sordo, representado por burócratas sin sentido de Nación, sin noción de Pueblo. Gente avara que solo deseaba su beneficio personal como objetivo, para quien el pueblo solo eran “ese montón de gente a las que había que prometerles cualquier cosa en época de elecciones y pasadas estas, olvidarlas de nuevo”.

Memorable por oportuno, sobre todo para él, fue el discurso de Rafael Caldera en el Congreso de Venezuela después de la intentona del 4 de febrero. Siempre he afirmado, pues lo escuché, que ese discurso fue el que le permitió ganar las elecciones a la presidencia de 1993.

Meses después, el 27 de Noviembre de 1992, un grupo de rezagados del 4 de febrero, intentan otro golpe de Estado, que de nuevo, Gracias a Dios, no pasó de intento. Este golpe terminó con la huida de sus comandantes en un avión C-130 de la Fuerza Aérea de Venezuela. El destino de la aeronave y su “contenido” fue la nación Peruana, donde los oficiales golpistas solicitaron asilo. Quizás de esos días venga la relación de la gente que integra “esto” con Vladimiro Montesinos.

Los golpes de 1992 acrecentaron la crisis venezolana, que reventó un viernes de febrero de 1983, el famoso “viernes negro”. En 1985 el incidente del Caldas puso en apuros a nuestra Nación, que contó con una respuesta decidida y seria de nuestras Fuerzas Armadas.

Después de ese viernes negro y del Caldas, vino el “Caracazo”, cuando los cerros de Caracas bajaron, se hicieron sentir y fueron masacrados. Venezuela tenía varios años de crisis, de grave y profunda crisis. Los intentos de golpe de 1992 profundizaron y  aceleraron la inestabilidad política, social y económica.

A Carlos Andrés Pérez no lo pudieron sacar los golpes del 4 de febrero ni el del 27 de noviembre del 92, sin embargo, una acusación por uso inadecuado de la “Partida Secreta de Miraflores” terminó por obligarlo a mudarse. Miraflores fue habitado a la salida de Pérez por Octavio Lepage, como presidente interino.

Octavio Lepage era el presidente del Congreso de la República de Venezuela. Fue presidentes desde el 21 de mayo de 1993 hasta el 5 de junio de 1993. En esa fecha, el Congreso de Venezuela eligió a Ramón José Velásquez, escritor y político Venezolano como Presidente Constitucional designado por el Congreso. Su función, terminar el periodo.

En diciembre de 1993 hubo elecciones, como cada cinco años. La campaña electoral fue una campaña llena de promesas, cargada de más esperanza, pues los venezolanos asumimos que las intentonas golpistas de 1992 eran una lección necesaria para una clase política sorda. Craso error. El ganador de las elecciones de 1993 a la Presidencia de la República de Venezuela, fue el eterno candidato de COPEI, Rafael Caldera, ahora fuera del partido que ayudó a fundar.

Caldera fue elegido como Presidente de la República en representación de un partido minoritario que el mismo fundo poco tiempo antes. El viejo supo capitalizar su discurso de aquellos días de Febrero, y su fuerte arraigo político.

Para ese proceso electoral mi voto como zuliano fue para Oswaldo Álvarez Paz, debido  a que el candidato de Acción Democrática, el partido por el que toda mi vida he sentido afinidad, no cubría mis expectativas y Rafael Caldera, mucho menos cubría las mismas (estoy libre de ese pecado).

El gobierno de Caldera fue un gobierno en crisis desde que inició hasta que termino. Caldera, un hombre que comenzó su periodo ya estando en declive, a duras penas pudo entregar su cargo cinco años después. La vida y el Destino pasaron factura al anciano hombre.

El peor daño hecho por Caldera al pueblo de Venezuela, y vaya que le hizo daño a este país, fue cuando dejó en libertad a los golpistas de 1992. Sinceramente, discutir acerca de la figura jurídica utilizada por el Presidente electo no tiene sentido, por lo menos para mi que no soy abogado. El hecho es que los dejó libres, y su libertad sirvió como base para el desarrollo de un movimiento político llamado “MBR-200”, del cual casi nadie hoy se acuerda.


La campaña para la Presidencia de la República de 1998, fue una campaña marcada por los excesos del candidato Chávez, que conciente de la debilidad de las instituciones en Venezuela hizo y deshizo. Su campaña se salio de las habituales promesas electorales. Las amenazas, el verbo altisonante, el uso de un lenguaje soez, chabacano, sirvieron de gancho a un pueblo harto de las mismas promesas de siempre, de los mismos mítines, de los mismos discursos acartonados y del mismo desprecio implícito a su condición humilde, desprecio que era evidente.

Los candidatos de oposición desarrollaron sus campañas como si se tratase de unas elecciones normales. Durante todo el proceso estuvo presente en el ambiente la posibilidad de un golpe. Muchos pensaban que de no ganar Chávez, lo más probable era que se produjese el desconocimiento de los resultados y un golpe como consecuencia.

Los errores cometidos durante esta campaña por los candidatos de oposición solo podemos etiquetarlos de imperdonables. La ambición no conoce límite, pero en este proceso, lo absurdo desbordó los límites. Una bella mujer fue lanzada como candidata, Irene Saez una alcaldesa exitosa de un pequeño municipio caraqueño. Algunos haciendo análisis con los pies, imaginaron que la belleza de Irene, su éxito como alcalde, su voz suave y su sonrisa serena podrían competir con el verbo, las amenazas y las promesas de venganza popular de Hugo Chávez.

Por otro lado, en el partido blanco, Acción Democrática, su líder, un hombre carente de carisma, carente de don de pueblo, decidía por si mismo nombrarse como candidato de su partido. Es así que en respuesta a Chávez como fenómeno de masas, el partido blanco, el principal partido de Venezuela,  lanza al opaco Alfaro Ucero, quien terminaría por ser el candidato de nadie, pues dada la complejidad del proceso de 1998, a última hora, Acción Democrática le retiró su apoyo al que hasta muy poco antes era su Secretario General.

En la larga lista de candidatos como única alternativa viable en contra de Chávez estaba Enrique Salas Röemer gobernador del Estado Carabobo. Hombre de derecha y representante del partido “Proyecto Venezuela”. Desarrolló su campaña con las promesas de rigor. Dada la amenaza presente, estableció alianzas con otros partidos, alianzas que por tardías, no dieron su resultado.

El 6 de diciembre de 1998 se llevó a cabo la elección de las autoridades gubernamentales responsables del periodo siguiente. Chávez encabezaba las encuestas. Salas Röemer con todo y alianzas iba de segundo.

El proceso del 6 de diciembre fue un proceso cargado de angustia, de miedo, de incertidumbre. Se estimaba que si Chávez no ganaba se pudiesen presentar revueltas populares e incluso un golpe de Estado, así que el pueblo de Venezuela acudió a las urnas electorales con al amenaza y el miedo como testigos.

La participación estuvo dentro del promedio histórico, así que puedo afirmar que lo que sucedió fue una eliminación de consentimientos. Los venezolanos acostumbrados a elegir entre dos partidos (AD y COPEI), vieron la posibilidad de apoyar a otra opción, que representaba en sí una nueva propuesta.

De hecho, los venezolanos eligieron con los pies, pues si hubiesen usado su cerebro, mucho más sensata hubiese sido la abstención. El famoso voto castigo, un elemento presente en los procesos electorales venezolanos, vino a ser proyectado sobre la imagen de Hugo Chávez.


Una campaña sin luz, sin pies ni cabeza daba a su fin. El entendimiento, la razón y la sabiduría se fueron de viaje para otra parte es domingo 6 de diciembre de 1998. El resultado, un golpista era elegido como Presidente casi siete años después de haber intentado acabar con el sistema democrático. Hugo el golpista fue elegido como Presidente por la vía democrática.  Aunque parezca un trabalenguas, no lo es, es historia.

Una vez ganadas las elecciones, Hugo Chávez quiso comenzar a gobernar como siempre lo ha hecho, pero sin haber tomado posesión. Por ley, la transferencia de poder de un Presidente a otro se daba los 2 de febrero del año siguiente a la fecha de las elecciones. Como Hugo ganó, quiso cambiar la fecha del 2 de febrero al 4 de febrero, para celebrar en esa fecha la transmisión de mando y los siete años de la intentona fallida. El Congreso de la República le dijo ¡no!..

Hugo fue al Congreso ese 2 de febrero de 1999 y frente a un imberbe Caldera recibió la Banda Presidencial del Coronel (ret.) Luis Alfonso Dávila, quien hacia las veces de Presidente del Congreso. Recordando esa “foto”, veo a Caldera su “libertador” presenciando el traspaso del mando de un militar retirado a otro militar retirado.

El juramento dejó mucho que pensar. Hugo, como siempre fuera de protocolo, juró como le vino en gana, aunque claramente dejaba ver sus intenciones.

Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro.” Hugo Chávez en la toma de posesión el 2 de febrero de 1999[2].

Esa misma tarde, luego del corto y deformado juramento y el largo discurso en el Congreso de la República, en su primera reunión del Gabinete de Ministros, firmó el decreto de convocatoria para un referéndum de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente,  en el cual se describían las dos preguntas que se le harían al pueblo. El referéndum fue convocado para el 25 de abril de 1999. Los cambios se comenzaron a dar desde el momento del juramento. De nuestro lado, la incredulidad se imponía.


Los desfiles militares en Venezuela, se desarrollaban en nuestros días patrios, como una forma de subordinación del poder militar al civil y como una advertencia sutil a aquellos que quisieran imponerse en contra de ambos.

Por orden de Hugo Chávez, el desfile militar del 2 de febrero de 1999 fue postergado para el día 4. Ese día, en una acción que muchos consideraron absurda, Hugo ordenó reincorporar a los militares golpistas a sus puestos dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales. En pocas palabras, el nuevo presidente con tres días en el cargo le ordenó a los oficiales que siete años antes le habían impedido tomar el poder por la fuerza, que reincorporaran a los alzados en armas, que como él habían insurgido. Duro golpe a una institución, que tardaría en responder.


[1]  Texto completo de la declaración: Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros: Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra. Oigan al comandante Chávez, quien les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas porque ya, en verdad, los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros: Oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias.” Teniente Coronel Hugo Chávez, 4 de febrero de 1992. Tomado de la biblioteca de la página WEB de Venezuela Analítica (www.analítica.com).
[2]  Texto tomado de la biblioteca de la página WEB de Venezuela Analítica (www.analítica.com).

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